sábado, 13 de junio de 2015

Huella imborrable




El Hijo de El Santo recuerda la dolorosa pérdida de una persona trascendental en su vida

Estimados y muy queridos amigos de El Gráfico: Como cada viernes es un gusto poder estar en contacto con ustedes por éste,  el diario más leído de México.
El pasado martes, leyendo las respuestas de Lulú Petite a mis comentarios, me di cuenta de que es una mujer muy sensible y lo que aseguró de mi persona me llevó a la reflexión; por ejemplo, dice que desde chiquito me tocó andar en el huateque, convivir con la pura crema y nata y conocer a personalidades de la vida pública. 
También afirma  que habiendo debutado tan joven como profesional tengo ya muchos años siendo el “alma de la fiesta” y de estar entre reflectores. 
En su gran mayoría son verdad los comentarios que esta bella dama hace de mí. Pareciera que nos conocemos de muchos años y lo que también es verdad es que bajo mi máscara, al igual que la de mi padre, hay un ser humano que vive una vida normal:   va al médico,  paga tenencia y colegiaturas y, lo más importante, tiene una vida llena de historias de todo tipo  que tal vez ni se imaginan. 
Este pensamiento se acentuó más esta semana, porque justo el día 10 de junio mi madre, María de los Ángeles o Maruca, como de cariño la llamaba mi papá, cumplió 34 años de haber fallecido a causa de un mal hepático que no logró superar.
En aquellos años  era muy jovencito y si en ese momento algo me hacía falta era mi mamá. Tal vez  Lulú Petite ni muchos de ustedes sabían esto; sin embargo,  la verdad es que fue un dolor muy fuerte para mí. 
Yo era estudiante y aunque mi madre ya tenía un largo tiempo enferma, no me acostumbraba a no tener su presencia a mi lado y mucho menos a verla sufrir como la vi. 
Después, por soledad tal vez, como dice mi hermana Yoly, me casé creyendo que estaba muy enamorado. A esa edad es difícil saber qué y cuál es el verdadero amor; sin embargo, lo hice y no duré ni siete  años casado para de ahí vivir un divorcio necesario que fue una verdadera porquería. 
Aunque al final la sentencia salió a mi favor, nadie me quita los malos momentos que por muchos años pasé mientras duró este proceso judicial, ya que fui chantajeado, difamado, saqueado, despojado de mis hijos, a pesar de que el DIF (ahí tengo todos los documentos, por cierto), me trató de apoyar hasta el último momento.
No me estoy quejando, no soy ese tipo de persona, pero les digo esto para que ustedes, por un momento, vean que ser hijo de Rodolfo Guzmán, de Santo, El Enmascarado de Plata, no ha sido todo en mi vida y que a pesar de que a través de mi máscara no se alcance a ver, hay un ser humano como ustedes que ha pasado y vivido, además de los grandes éxitos, por muchas otras cosas. 
Así que quiero que sepan que hace años viví uno de los días más tristes de mi existencia, porque la mujer más bella e importante en mi vida dejó de existir, dejando un profundo dolor en mi corazón. 
Ella fue un ángel para mi papá y fue la mejor mamá que pude haber tenido. Gracias a su amor, ejemplo y educación soy lo que soy ahora. 
Jamás olvidaré los increíbles momentos que viví junto a ella y hoy quiero dejar en esta página plasmado un mensaje para ella, como si pudiera leerlo: Gracias, mamá,  por haberme dado la vida. Te amo, te extraño y te recuerdo con profundo amor. Sé que eres el ángel que Dios me envía cada mañana al despertar para que me cuide minuto a minuto.
 Así que si aún tienen madre, cuídenla. A Lulú Petite espero verla con antifaz y yo con mi preciada máscara y le digo: no todo lo que brilla es oro ni plata.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.
EL HIJO DEL SANTO

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