lunes, 2 de marzo de 2015

¡No saludemos con sombrero ajeno!



El hijo de la leyenda destaca el triunfo de los cineastas y de otros mexicanos que han destacado en diversos ámbitos sin contar con el apoyo necesario

Me llamó mucho la atención escuchar en varias ocasiones, a lo largo de esta semana, lo de “ganamos un Oscar”.
 No sé si a algunos de ustedes les moleste mi opinión, simplemente es mi punto de vista: México no es ganador de ningún OSCAR.
 
Los cuatro premios de esta última entrega pertenecen única y exclusivamente al talento de Alejandro González Iñárritu y a Emmanuel Lubezki dos mexicanos que como Alfonso Curaron, han sido galardonados en dos años consecutivos por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, algo insólito ya que si bien es cierto, los tres son de nacionalidad mexicana pero tampoco son la Selección de futbol que va representando a nuestro país a un mundial. 
 
Este trío de talentosos cineastas han tenido que luchar mucho para llegar a donde están y, efectivamente, son un orgullo  para México pero el éxito es de ellos y su gente. 
 
Hay muchos otros mexicanos que también han triunfado en el extranjero y en diferentes ámbitos como Salma Hayek, Fernando Valenzuela, Hugo Sánchez, Javier Hernández, Eugenio Dérbez  por mencionar solo algunos y que aquí no tuvieron el reconocimiento como es debido, pero eso sí: cuando triunfan fuera del país todos se vuelcan en elogios sobre ellos. 
 
Lógicamente estos garbanzos de a libra cuando llegan a México y se ven rodeados de “nuevos amigos” y de miles de aduladores, con toda razón se ponen alerta para dar entrevistas y distinguir las buenas o malas intenciones de sus ahora millones de admiradores y podría asegurar que en el fondo de su corazón expresan con enorme satisfacción ¡Ahora sí, no?
 
Sucede lo mismo con el gobierno, porque cuando se busca el apoyo económico para realizar uno o varios proyectos los ignoran, cuando los jóvenes deportistas que requieren de equipo, transporte y entrenamiento para acudir y representar a México en Juegos Olímpicos carecen de apoyo. Pero curiosamente cuando ganan una medalla de Oro, un Campeonato Mundial o como es el caso de un OSCAR, ahora si los felicitan, los elogian y son un ejemplo (que sí lo son) para todos los mexicanos (que por cierto sí lo son).
 
 El núcleo menos detractor de estos talentosos hombres y mujeres, aunque no siempre,  es muchas veces el mismo público y esto sucede cuando no se deja influenciar por la irresponsabilidad de la televisión, un medio que tiene la facilidad de construir ídolos de papel. 
 
Aquí los mexicanos talentosos son los menos afortunados, el malinchismo continúa siendo nuestro "talón de Aquiles" y los artistas, escritores, cantantes, actores y deportistas extranjeros son los que muchas veces acaparan todo.
 
UN CLARO EJEMPLO. Comenté recientemente el caso de las películas de El Santo cuando eran cruelmente criticadas llamándoles despectivamente “churros” y sólo bastó que estas fueran elogiadas en el extranjero y más aun en Europa, para que muchos de los seudo críticos nacionales las alabaran afirmando que la cinematografía de El Enmascarado de Plata es un género considerado cine de culto, ¿y ya para qué? si mi padre se fue a la tumba con la idea de que sus películas eran criticadas por todos esos detractores como lo peor de la industria cinematográfica que jamás reconoció las enormes entradas de taquilla y que por esa razón hizo 53 películas en 20 años y que hasta la fecha diariamente se siguen viendo. 
 
Afortunadamente mi padre era un hombre tan inteligente que jamás le afecto en su autoestima la opinión de los demás, que finalmente no le daban de comer.   Le bastaba observar las salas cinematográficas llenas con más de tres mil personas (no como las salas de ahora) y ver feliz al público asistente, para él eso era suficiente. Señores no nos equivoquemos, los Oscares los ganaron González Iñárritu y ‘El Chivo’ Lubezki, así como toda la producción de Birdman. 
 
¡Que nosotros los felicitemos por sus triunfos y que ellos se sientan orgullosos de ser mexicanos, esa es otra historia! Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.
 
El Hijo del Santo

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