miércoles, 16 de mayo de 2018

LA LUCHA LIBRE DE IBEROAMÉRICA DE MITAD DEL SIGLO XX: EL GRAN ESPECTÁCULO

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Entre los años ’40 y ’60 se instaló a lo largo y ancho de Iberoamérica un rudo espectáculo el cual hacía suyo -de una manera visceral- el zigzag que en la vida humana recogía (y recoge siempre) el bien y el mal; ello, a punta de un pugilato entre gladiadores profesionales ataviados de mil maneras, trazando así procedimientos impregnados de modalidades (olímpicas y no-olímpicas) de lucha; de tradición circense; de osadía acrobática; de atrevimiento teatral y, en excepcionales ocasiones, de ejercicio real de pelea.
“Lucha libre” fue el grito de guerra que tomó el espectáculo en referencia. En menor grado fue llamado también: “catch as catch can” o simplemente “catch”.
Si bien la primera referencia de popularidad de la lucha libre en Iberoamérica la tuvo (y aún la tiene) México, hay que decir sin ambages que fue Caracas la plaza más internacional del asunto al fragor de esos años de los ’40, ’50 y ’60. Para ser la capital azteca tal primera referencia, el cine desarrolló una cuota significativa de aporte. ¡Quién no recuerda hoy por hoy las viejas películas de Santo –“el enmascarado de plata”-, Blue Demon, Huracán Ramírez, Wolf Rubinskis, en fin! En relación a Venezuela en tanto plaza que en mayor medida concitó la presencia de gladiadores de todas las partes del planeta, hay que considerar que tal país contaba en tales tiempos con una moneda fortísima.
A los elencos latinos de luchadores, se sumaron los mejores exponentes de España y Portugal. También, excelentes pancraciastas de los países árabes. En menor medida, del norte de Europa, EE. UU. y Japón.
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El ordenamiento de actos propio de esa lucha libre que se desarrolló con furor inusitado en toda Iberoamérica, estribaba en que en el cuadrilátero se hacían presentes una referencia del bien (los denominados “limpios”, “técnicos”, “científicos”) y una referencia del mal (los llamados “rudos”, “sucios”, “villanos”); así como también un réferi (el cual en ocasiones se parcializaba corruptamente con los segundos). La movible interrelación entre los tres factores hacía que el ring se pareciera a la callada, al fragor propio de la vida… El mal hacía su trabajo de desestabilizar el manto de honestidad propio del bien, generando en esta dialéctica que el árbitro hiciera el trabajo de velación en pro del cumplimiento de las normas disciplinarias del pancracio; trabajo el cual en ocasiones era sesgado a punta de los chantajes que el mal ejerciera sobre tal réferi. Toda esa pléyade de símbolos cayéndose a puñetazos, patadas y maromas (envuelta en trajes, máscaras, muecas, capas y lentejuelas), hacía que el apabullante público presente en las arenas cayera en un fervoroso estado de frenesí. Espectáculos tan consagrados en Iberoamérica como el béisbol, el fútbol y –ya a mediados de los ’50- las telenovelas, se vieron en no pocas ocasiones, opacados por tales refriegas en las arenas.
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Aparte de los ya referidos pancraciastas, en México brillaron otros como Cavernario Galindo, Bello Califa, Frank Butcher, Bulldog… En Venezuela: Dragón Chino (chileno), Bernardino La Marca (italiano), Bassil Battah (libanés), Dark Buffalo (mexicano), Apolo Venezolano… En Argentina: Martín Karadagián, Antonio Rocca, Renato El Hermoso, Gran Jacobo; argentinos. En Chile: Joe Fica, Mr. Chile, Diego Torres (Tarzán Chileno), Horacio Rodríguez (Indio Mapuche), Lautaro Risso… En Perú: Zorro Italiano, Caníbal, Andarín, Ruperto Casuso, Dragón Negro…En Colombia: Bill Martínez (Tigre Colombiano), Rudo Martínez, Memo Díaz, El Murciélago… En España: Celso Sotelo, Lobo de Galicia, Lobo de Aragón… En Portugal: Joao Silveira, Joao Benfica…
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Grandes excampeones mundiales de boxeo, valorando el enorme poder popular del catch, no dudaron en ir a las plazas de América Latina. Joe Louis –“el bombardero de Detroit”- fue a arbitrar una pelea que en Caracas desarrollaron Dragón Chino y Bassil Battah. Primo Carnera, ya transfigurado en pancraciasta, también fue a la capital venezolana a desplegar combates memorables.
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Si hay algo curioso que resaltar en ese mundo de la vieja lucha libre que se dio en tierras latinoamericanas y caribeñas –así como también en la Península Ibérica-, es que en ocasiones las refriegas se tornaban en peleas verdaderas. En la mayoría de los casos, por razones que brotaban en caliente, por rencillas entre los mismos luchadores, en fin…
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Para concluir este post, bueno es acotar que ese modelo de lucha libre muy poco tiene que ver con los que hoy en día ponen a rodar en México y en los Estados Unidos. Usualmente los nostálgicos de aquélla, suelen decir que como la que ellos vivieron, ¡nada!
Acaba de sonar la campana, poniendo fin al combate. Hay que ir al camerino a colocarse en la cara, los esparadrapos, y disponerse a escribir los autógrafos a las masas de la fanaticada apostadas en las puertas de entrada a las polvorientas arenas. (También a cobrar los honorarios).
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