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miércoles, 30 de enero de 2019

Recuerdan al ídolo mexicano de la lucha libre El Santo nació el 23 de septiembre de 1917 y su leyenda aún vive entre sus fans.

Recuerdan al ídolo mexicano de la lucha libre
Getty Images
El Hijo Del Santo , en la foto, organizó un evento especial en recuerdo de su padre, el reconocido luchador El Santo (foto de archivo).




El nombre de Rodolfo Guzmán no dice mucho en México
Pero su otro yo, El Santo el enmascarado de plata, es una leyenda de la lucha libre profesional, la historieta y el cine. Contribuyó a promover la lucha libre del país en el mundo y es uno de los grandes ídolos de la cultura popular mexicana.
“La lucha libre no sería lo que es si no fuera por El Santo”, dijo Roberto Shimizu, director de arte del Museo del Juguete Antiguo en la Ciudad de México. “Y para nosotros los mexicanos, El Santo es una figura de rectitud, de integridad, de dedicación. Él representa cada virtud”.
Incluso en momentos en que persiste la conmoción en México tras el devastador sismo de esta semana, el país celebró el sábado el centenario del nacimiento de El Santo.
El viernes, su hijo -también luchador profesional que utiliza una máscara plateada y se llama El Hijo del Santo, organizó una misa en memoria de su padre y las víctimas del movimiento telúrico.
Rodolfo Guzmán nació el 23 de septiembre de 1917 en una pequeña localidad a dos horas la Ciudad de México. La familia de Guzmán se fue a la capital y llegó al famoso barrio de Tepito cuando él era niño.
En la actualidad, una estatua de El Santo está erigida en Tepito, donde comenzó su carrera.
El Santo se convirtió en un superastro después de una legendaria pelea en la que había apostado su máscara contra su mayor rival, Black Shadow, en 1953, en los inicios de la televisión en México.
Pronto la historieta de El Santo fue todo un éxito y el paso siguiente, obvio, fue el cine. El Santo filmó su primera cinta, “Santo contra el cerebro del mal” en 1958, y estelarizó casi 50 películas, entre ellas su más famosa, “Santo contra las mujeres vampiro” de 1962.
“Mientras los estadounidenses tenían a Superman, Batman o el Hombre Araña, nosotros teníamos a Rodolfo Guzmán, El Santo, peleando contra las momias o los nazis”, dijo Felipe Carrillo Montiel, un experto sobre el personaje. “Pero al contrario de esos súper héroes, él era un hombre real, podías leer sus cómics en la semana y luego verlo luchar el fin de semana a tu arena local”.
La pantalla grande consolidó la fama internacional de El Santo y sentó las bases de lo que hoy persiste como una marca lucrativa.
El Hijo del Santo, su hijo menor y el único que le siguió los pasos en la lucha libre, también ha alternado en el cine y la historieta, así como en el activismo ambiental.
El Hijo del Santo administra tres tiendas en las que se puede comprar todo tipo de artículos, desde camisetas, pósters y una bebida espirituosa marca El Santo.
Debido al sismo del martes, un evento dedicado al Santo en Tulancingo, en el estado de Hidalgo, centro de México, fue reprogramado, y fue pospuesta una función de lucha libre que se efectuaría el sábado.
Sin embargo, a pesar de la discreta celebración, expertos señalan que el legado de Guzmán es palpable en su centenario. Este verano, en una muestra en el parque Chapultepec de la Ciudad de México fueron exhibidas 100 fotografías para celebrar el centenario del personaje, y El Hijo fue el invitado de honor en otro festejo en el ayuntamiento en honor a su padre.
“Él fue el primer muñeco de acción mexicano”, dijo Shimizu. “Su imagen fue reproducida millones de veces y cada niño en México tuvo uno”.
Guzmán falleció de un ataque al corazón en 1984 y fue sepultado con su máscara plateada puesta.
CORTESÍA: https://www.telemundo51.com

jueves, 24 de enero de 2019

Cien años con El Santo El enmascarado de plata celebró su centenario el fin de semana. Es todo un referente en la cultura popular mexicana de la lucha libre, el cómic y el cine.


Por: AP/Redacción Oculta







El nombre de Rodolfo Guzmán no dice mucho en México, pero su otro yo, El Santo el enmascarado de plata, es una leyenda de la lucha libre profesional, la historieta y el cine. Contribuyó a promover la lucha libre del país en el mundo y es uno de los grandes ídolos de la cultura popular mexicana. “La lucha libre no sería lo que es si no fuera por El Santo”, apunta Roberto Shimizu, director de arte del Museo del Juguete Antiguo en la Ciudad de México. “Y para nosotros los mexicanos, El Santo es una figura de rectitud, de integridad, de  dedicación. Él representa cada virtud”.
El Santo abandonó su identidad original para dar paso a una vida caracterizada como un personaje que trascendió generaciones y se instaló en la cultura popular mexicana. Rodolfo Guzmán nació el 23 de septiembre de 1917 en una pequeña localidad a dos horas de la Ciudad de México. La familia de Guzmán se fue a la capital y llegó al famoso barrio de Tepito cuando él era niño. En la actualidad, una estatua de El Santo está erigida en ese barrio, donde comenzó su carrera.
El Santo se convirtió en un superastro después de una legendaria pelea en la que había apostado su máscara contra su mayor rival, Black Shadow, en 1953, en los  inicios de la televisión en México.
Pero el salto a la fama también pasó por el cómic local, ámbito en el que se convirtió en un referente editorial de corte popular. Sus historias eran una forma de entretenimiento en un mundo que aún no cabía del todo en una pantalla. Pronto la historieta de El Santo fue todo un éxito y el paso siguiente, obvio, fue el cine. El Santo filmó su primera cinta, Santo contra el cerebro del mal en 1958, y estelarizó casi 50 películas, entre ellas su más famosa, Santo contra las mujeres vampiro de 1962. “Mientras los estadounidenses tenían a Superman, Batman o el Hombre Araña, nosotros teníamos a Rodolfo Guzmán, El Santo, peleando contra las momias o los nazis”, apunta Felipe Carrillo Montiel, un experto sobre el personaje. “Pero al contrario de esos súper héroes, él era un hombre real, podías leer sus cómics en la semana y luego verlo luchar el fin de semana en tu arena local”.


La pantalla grande consolidó la fama internacional de El Santo y sentó las bases de lo que hoy persiste como una marca lucrativa. El Hijo del Santo, su hijo menor y el único que le siguió los pasos en la lucha libre, también ha alternado en el cine y la historieta, así como en el activismo ambiental.
Los expertos señalan que el legado de Guzmán es palpable en su centenario. Este verano, en una muestra en el parque Chapultepec de la Ciudad de México fueron exhibidas cien fotografías para celebrar el centenario del personaje, y El Hijo fue el invitado de honor en otro festejo en el ayuntamiento en honor a su padre. “Él fue el primer muñeco de acción mexicano”, explica Shimizu. “Su imagen fue reproducida millones de veces y cada niño en México tuvo uno”.
Guzmán falleció de un ataque al corazón en  1984 y fue sepultado con su máscara plateada  puesta. El Santo prevaleció hasta el final y ni en la muerte se desprendió de su creador; el mito superó al hombre y ese legado lo mantiene vivo.
Cortesía:https://elperiodico.com.gt

martes, 22 de enero de 2019

El Santo somos todos






Imposible vaticinar, a partir de aquel 26 de abril de 1940, en lo que el luchador llamado El Santo, se habría de convertir: Representante de la cultura mexicana, icono pop, figura multimedia, etc.
Sin proponérselo, luego llegó a la categoría de superhéroe, nuestro superhéroe, nuestro Superman, pero ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? Y más importante: ¿Cuáles son las razones por las que nos atrae, nos representa?
Francamente y a pesar de la popularidad de la lucha libre ya en los tiempos que inició El Santo, ser un luchador más entre el buen roster que ya había al inicio de la década de los 40 no parecía ser el camino hacia el Olimpo, pero resultó que El Santo era más que bueno en su negocio y, una vez cambiado al bando de los técnicos, despegó. Sin duda el nombre también le ayudó a tener una aceptación mediática.
Primero su imagen fue elevada por la historieta Santo, el Enmascarado de Plata, creada por José G. Cruz en los años 50. A final de esa década fue invitado al cine y le crearon guiones exprofeso; Santo Vs el Cerebro del Mal fue la primera de más de 50 cintas.
Sí, sí, ¿pero por qué pegó con tubo? En la capital del país se dieron los fenómenos de vasta migración desde el interior del país y por ello se aceleró la urbanización, ese hecho dio cabida a un sincretismo entre tradición y modernidad; en ese contexto, los iconos clásicos o tradicionales como "el charro" y "el mariachi", perdieron terreno.
En los años 50 la serie B y la sci fi explotaron gracias al fantasma de la guerra fría, que parecía sempiterno; en ese "México moderno" lo del Santo en el cine fue bien pensado, el contexto permitió una aceptación de temas fantásticos, de extraterrestres, vampiros y espías; así, El Santo era también nuestro James Bond, en traje dandy y toda la cosa que peleaba por igual contra grupos delictivos que contra marcianos y brujas, un mundo en el que se desenvolvió a través del celuloide y sedujo a las audiencias.
Cámara, ¿pero por qué nos sedujo? ¿Cómo es que lo convertimos en mito? Al Santo lo miramos como a todos los héroes de novela, de cuento, de película. etc., según el arquetipo de Jung. Lo que hace único al "Enmascarado de Plata" es que, a diferencia de SpidermanWolverineIron Man o nuestro héroe favorito (el mío es Daredevil), es que fue un cabrón de carne y hueso. Nadie nunca logró dar ese salto cuántico de llevar la frontera entre ficción y realidad. Además, el personaje vivió más allá de la persona que portaba la máscara, es decir, hizo lo propio para la construcción del mito.
Justo la máscara juega un papel fundamental en la apropiación que hacemos del icono: Significa misterio y una personalidad alterna con la que se puede ir más alá de lo mundano y que no cubre, no evade, sino transforma y permite lanzarse a un imaginario evidentemente seductor de masas. En la ausencia de rostro estamos todos.
El portador de la máscara representa lo que todo héroe representa: Nuestros anhelos, valores, motivaciones y sobre todo nuestro entendimiento y diferenciación entre el bien y el mal.
Es de esa forma en que conferimos al Santo ese poder, elaboramos un contrato con la ficción para que él sea el que vea por nosotros y sea nuestro estandarte, porque la idiosincrasia es más cercana que la que pudiéramos tener con otros héroes, aunque todos compartan valores universales, como son miedos, inseguridades, deseos y sentimientos; situaciones, emociones que no se pueden reprimir, que nos integran, que definen nuestra humanidad. Por eso nos gustan los superhéroes, pues.
El Santo lucha por la justicia, si bien no necesariamente social, (los vampiros quieren nuestra sangre, no subirnos el precio del gas) su lucha simboliza humildad, esto es, deja fuera su ego en términos de lo que a él le conviene por la búsqueda de un bien mayor.
El luchador fue tan eficaz en la construcción de él mismo en ese juego de ambigüedad entre la ficción y la realidad, que creó un terreno fértil para la aceptación del rito y claro, logró interesar con la suficiencia para no tener únicamente una audiencia pasiva, sino volvernos partícipes de ese universo.
Lo anterior posibilita la formación de un culto, que conlleva la mitificación del personaje y crea un referente iconográfico para un mercado de consumo en el que le entramos todos ¿De qué figura se venden muñequitos de plástico de a 5 pesos en un mercado de colonia popular y también ropa a precio desmedido en una tienda en la Condesa? ¿A quién le rendían culto los europeos en los años del surrealismo?
El Santo, el mito moderno, es nuestro actuar moral por el bien común; es el ser que vence primero el conflicto personal, como cualquier héroe, quien por muy súper que sea, enfrenta retos cotidianos, tal como nosotros, y luego derrota la adversidad mayor, esa que significa una hazaña no alcanzable por el resto de los mortales, pero en la que nos vemos reflejados y cuya conclusión positiva nos trae satisfactores.
Nuestro superhéroe es un agente de resiliencia cuyo éxito radicó en ser un ciudadano común, nacido en Tulancingo y migrante a la capital que, al pelear con seres sobrenaturales, paradójicamente expone nuestra naturaleza, la de levantarnos diariamente en el mundo fáctico y pelear contra las adversidades cotidianas, sin importar género, procedencia, clase ni nada.
Cortesía: http://www.excelsior.com.mx y Edson Alemán Real

lunes, 21 de enero de 2019

Emotiva distinción en honor del Santo

Emotiva distinción en honor del Santo

>> AUTORIDADES municipales de Tulancingo, encabezadas por el alcalde Fernando Pérez, efectuaron diversas actividades con motivo del aniversario 100 del natalicio de Rodolfo Guzmán Huerta “El Santo”. Foto: Sol de Tulancingo.




Tulancingo, Hidalgo.-  Con música y aplausos, representantes del Gobierno Municipal de Tulancingo, acompañados del Hijo del Santo y Santo Júnior, homenajearon los 100 años del natalicio de Rodolfo Guzmán Huerta, El Enmascarado de Plata.

Al emotivo evento también asistieron niños, sociedad civil y medios de comunicación para dejar una flor blanca frente a la estatua dedicada a este personaje de la lucha mexicana, toda una leyenda.

El alcalde Fernando Pérez informó que, previo a la ceremonia, recorrió con el Hijo del Santo y Santo Júnior varias calles de Tulancingo, como la Arena Libertad, para recordar los comienzos de El Enmascarado de Plata.

Acompañado de regidores, síndicos e invitados especiales, Pérez se congratuló de la visita del Hijo del Santo y que haya sido en esta administración donde se diera este encuentro para trabajar de manera coordinada la conmemoración del natalicio de su padre y otras actividades venideras que coadyuvarán para el turismo del municipio.

El Hijo del Santo dijo sentirse agradecido con el Gobierno Municipal que encabeza Fernando Pérez y su equipo de trabajo, quienes buscaron el contacto y abrieron las puertas.

Además, fijó su compromiso para que el espacio dedicado a su padre se dignifique y realmente sea un museo.

Estoy muy contento de están en esta bella tierra, donde hace 100 años nació este hombre, Rodolfo Guzmán Huerta; sé que está en espíritu y orgulloso de que todos estén reunidos. Él nunca quiso ser viejito, lo recuerdo como un padre vanidoso, jovial y atlético, dijo.

Agradezco su apoyo, señor presidente, a usted y a su equipo que nos han abierto el espacio, y este espacio dedicado a mi padre vamos a enriquecerlo para que sea realmente un museo, precisó.

Por último, recordó que el próximo jueves, realizarán la función de lucha libre en el recinto ferial, en honor de su padre, El Santo.
cortesía: https://www.elsoldetulancingo.com.mx

jueves, 17 de enero de 2019

Santo, la devoción de los cuadriláteros

Santo, la devoción de los cuadriláteros

La inmortalidad solo la pueden alcanzar ciertas personas, los superhéroes por ejemplo. Santo, El Enmascarado de Plata, es el máximo icono de la cultura pop mexicana, ídolo de multitudes, un gran luchador y actor de cine. Pero el que le dio vida por 40 años, Rodolfo Guzmán Huerta, hizo su lucha por sobresalir en los encordados. Nunca se imaginó los alcances que tendría en todo el mundo.



El 23 de septiembre de 1917 nació Rodolfo Guzmán Huerta en Tulancingo, Hidalgo, fue el quinto hijo de siete que procrearon Jesús Guzmán y Josefina Huerta.
Las versiones de cómo llegaron a la capital del país, concretamente al barrio bravo de Tepito en 1923, son varias, pero hay dos que tomaron fuerza con el correr de los años. La primera de ellas dice que la familia Guzmán arribó a la ahora Ciudad de México para tratar a su madre debido a una inyección mal aplicada que se le había infectado. La otra señala que su padre dejó el negocio de las máquinas de coser para buscar mejores oportunidades en la capital.

LA TRANSFORMACIÓN DE EL SANTO

Rodolfo Guzmán fue habilidoso para los deportes, lo mismo jugaba beisbol que fútbol americano. La situación económica de su familia era precaria y entonces nació su gusto por la lucha libre, tal como le sucedió a tres de sus hermanos: Jesús, mejor conocido como Pantera Negra, y que perdió la vida en un cuadrilátero; Miguel, que dio vida a Black Guzmán, fue campeón de peso medio, y el menor de los Guzmán, Javier, que luchaba como el Jimmy.
Rodolfo se interesó en aprender jiu-jitsu, esto lo hacía en sus ratos libres y cuando salía de trabajar en una empresa de medias para dama; posteriormente entrenó lucha grecorromana y así fue como nació un luchador más en la familia: Rudy Guzmán.

El debut de Rudy Guzmán, afirman las escritoras Ana María Cortés y María Eugenia Martínez en la revista Somos de 1999, en su especial “Superhéroe de Carne y Hueso”, fue el 28 de junio de 1934 en la Arena Peralvillo Cozumel. En ello difiere la Empresa Mundial de Lucha Libre, que hoy conocemos como Consejo Mundial de Lucha Libre, que asegura que el debut fue en 1935, en el Deportivo Islas de la Ciudad de México.
Luego de luchar en las arenas pequeñas del país, Rudy Guzmán llegó a la Arena México en 1936 para debutar como El Hombre Rojo, pero el personaje nunca hizo conexión con el público. Las cosas no le estaban saliendo del todo bien a Rodolfo y entonces se fue a probar suerte con su promotor, Jesús Lomelí, el cual hizo su propia empresa. Ahí le dio vida al Murciélago II, que tampoco fue bien aceptado por los aficionados a la lucha libre.
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LO MEJOR ESTABA POR VENIR

La leyenda de plata comenzó gracias a la idea de Jesús Lomelí; luego del fracaso en su propia empresa, decidió darle un nuevo nombre a Rodolfo. Así nació El Santo. El 26 de julio de 1942 fue el debut del Enmascarado de Plata, hay quien dice que en la Arena México, pero también hay versiones que afirman que en la Arena Afición o en la Arena Nacional.
El Santo, que lucía una máscara brillante en plata, rezaba en su esquina antes de salir a luchar, y es que ese era el último tren para alcanzar el éxito como luchador. Entonces le llegó la ayuda divina.
A pesar de inspirar bondad, El Santo era un luchador rudo, y fue precisamente el exceso de maldad lo que le llevó a ser descalificado en su primera contienda; dicha acción lo hizo pensar en dejar de una vez por todas el oficio de la lucha libre, pero don Chucho, su representante y amigo, lo motivó y fue así como empezó la leyenda.
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MÁS ALLÁ DE LOS ENCORDADOS

Entre los años 1942 y 1962, El Santo llegó a la cumbre y su popularidad no se quedó en el cuadrilátero, la afición lo elevó al grado de superhéroe. El 3 de septiembre de 1952 José G. Cruz publicó la primera historieta de El Santo, el Enmascarado de Plata. La publicación del luchador se hizo tan exitosa que de un ejemplar a la semana llegó a imprimir 550 mil revistas, tres veces a la semana. Esto catapultó al Santo en todos los aspectos, como luchador, como superhéroe y, en un futuro inmediato, como actor de cine.
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DESDE LA TERCERA CUERDA A LA PANTALLA GRANDE

René Cardona, importante productor de cine, invitó al Santo para hacer la película El Enmascarado de Plata pero no llegó a un acuerdo con Rodolfo Guzmán, por lo que el papel fue interpretado por otro luchador: El Médico Asesino. Fue en 1958 cuando entró de lleno al mundo del cine con las películas Santo vs el Cerebro del Mal y Santo contra los Hombres Infernales, ambos largometrajes filmados en Cuba y con un presupuesto extremadamente bajo (el rodaje terminó un día antes de que Fidel Castro entrara en La Habana y declarase la victoria de la revolución cubana). Así, El Santo rodó 52 películas en total.
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Alrededor del mundo, las películas del Santo son objeto de estudio, pues los detalles como los vampiros de goma, los cierres en los trajes de los monstruos y los diálogos de sus películas, mismos que fueron criticados hasta el cansancio en su momento, son los que le dieron la etiqueta de cine de culto.

EL NACIMIENTO DE LA LEYENDA DE PLATA

El Santo se encontraba en una lucha ríspida, la tercia estaba completada por Huracán Ramírez y Black Shadow, que enfrentaban a los Misioneros de la Muerte: Negro Navarro, El Signo y El Texano, cuando entonces sufrió un infarto. El Santo regresaba del Olimpo a ser mortal de nuevo.
Se le implantó un marcapasos y los médicos le prohibieron practicar la lucha libre, pero no hizo caso a esa recomendación; por dos años más El Santo siguió arriba del cuadro de batalla.
Fue el 12 de septiembre de 1982 cuando El Santo le dijo adiós a la lucha libre en el famoso Toreo de Cuatro Caminos.
El Perro Aguayo y Los Misioneros de la Muerte se midieron al Solitario, Gori Guerrero, Huracán Ramírez y El Santo. La afición lloró y entre las notas del mariachi, flores y porras le dieron el adiós al luchador.

EL ADIÓS A RODOLFO GUZMÁN

Lo que nadie había imaginado jamás, El Santo estaba a punto de enseñar su rostro. Era el programa Contrapunto, conducido por Jacobo Zabludovsky, en enero de 1984, El Santo levantó su tapa y dejó ver el rostro de Rodolfo. Fue una imagen que causó impacto entre sus fanáticos. Algo no andaba bien.
Diez días después, el 5 de febrero de 1984, la revista Alarma cabeceó: “Se nos fue El Santo al Cielo”.
Rodolfo Guzmán Huerta había fallecido. El Santo consiguió la inmortalidad.
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miércoles, 16 de enero de 2019

100 AÑOS DEL SANTO, EL ENMASCARADO DE PLATA El Santo y su cuna centenaria Se cumplen 100 años del natalicio del mítico luchador mexicano, una pieza de la identidad de México



El Santo 100 años
El Hijo del Santo sostiene una fotografía de su padre. CARLOS JUICA

Lo último que vio Rodolfo Guzmán fue una estación de ferrocarril. Era la parada de Tulancingo, Hidalgo. Su rumbo era Ciudad de México, a 143 kilómetros. Con siete años se desprendió su vida rural para adherirse al estilo de vida del barrio, de la calle. Allí se fraguó el atleta, luego el ídolo de lucha libre y después en un icono de culto. Es El Santo, el enmascarado encumbrado en 100 años.



Antes de ser el Santo, era Rodolfo Campuzano Guzmán. O al menos eso decía el acta de nacimiento que tenía un grave error: al niño nacido el 23 de septiembre de 1917 le habían puesto los dos apellidos de su padre, luego corregiría ese fallo. El destino le ponía intrigas a su verdadera identidad. Guzmán vivió sus primeros años en una vecindad que hoy es una escuela primaria llamada Club de Leones. “En Ciudad de México se hizo como el hombre al ser muy aventurero”, señala su heredero, el Hijo del Santo. Su padre trabajaba de carpintero por la calle de Belisario Domínguez, en el núcleo de la entidad. Fue un hombre de muchos oficios, sin embargo, el arte de la lucha libre le atrapó. Poco tardó para convertirse en un campeón en un espectáculo donde el más púdico lanza una serie de insultos sin ser juzgado.




La primaria Club de Leones, lugar donde antes estaba la vecindad donde creció Rodolfo Guzmán.ampliar foto
La primaria Club de Leones, lugar donde antes estaba la vecindad donde creció Rodolfo Guzmán.CARLOS JUICA


Sus primeras luchas no eran tan buenas, transitaba de un nombre artístico a otro hasta que a Jesús Lomelí, uno de los árbitros, inventó el personaje de El Santo. Con el concepto, Rodolfo Guzmán idealizó su máscara al puro estilo del hombre de la máscara de hierro, una construcción literaria de Alejandro Dumas, según constata el especialista Marco Antonio Mendoza. Pero esa máscara plateada por sí sola no fue el éxito, necesitó de la industria del cómic mexicano para convertirse en el héroe mexicano que no necesitaba de un superpoder.
Llegaron los grandes tirajes de los cómics, luego las películas, las funciones de lucha libre abarrotadas, toda una gloria ante una sociedad convulsa. El Santo era en México lo que es Cristiano Ronaldo en el mundo, o quizá más. Tuvo 10 hijos y los educó para mantener en secreto su identidad. Era actor de teatro, de cine. Era el hombre del misticismo, el que no dejaba ver su verdadero rostro, hasta que en una tertulia televisiva, en 1984, decidió mostrar su faz, 10 días antes de morir a los 66 años.




Una de las esculturas del Santo en Tulancingo, Hidalgo.ampliar foto
Una de las esculturas del Santo en Tulancingo, Hidalgo. CARLOS JUICA


El día del funeral del Santo paralizó a la Ciudad de México. “Fueron dos sepelios. Por un lado murió mi papá, Rodolfo Guzmán. Eso era lo doloroso; del otro lado, me di cuenta que para el público se murió el luchador. Si no le hubiéramos dicho a nadie hubiera sido un sepelio con pocas personas. Pero esto fue una locura. Se llenó de prensa, de gente. Todos querían tocar su ataúd. Del trayecto de la funeraria al panteón desde los puentes peatonales le decían adiós. Se oía el grito de ¡Santo, Santo!”, comenta el Hijo del Santo.
“No es fácil tomar un personaje de esta magnitud y no dejar que se vaya al olvido. Cuando yo tenía 20 años yo ya empezaba a luchar, pero mi padre no lo sabía. Un día me descubrió y regañó. Me pidió olvidarme de la lucha libre. Después me dijo ‘me gustaría que tú fueras el Hijo del Santo’. ¡Híjole! No había momento para pensarlo. Le dije ‘si tú quieres, yo puedo’. Esto es tan importante como la corona de un rey”, reflexiona el vástago del enmascarado de plata, quien se ha esforzado por mantener a flote la esencia de El Santo.
El personaje de la máscara plateada tiene su propia tienda en el barrio de la Condesa. Ahí se vende todo tipo de producto. Es el paraíso para los coleccionistas: juguetes, carteles de cine, camisetas y, claro, máscaras. En su natal Tulancingo algunos aficionados montaron en 2009 un museo comunitario en el que llevaban sus mejores recuerdos del luchador: una fotografía, recortes en el periódico y de todo tipo de reliquias. El recinto se instaló en los edificios que funcionaban como los cuartos de máquinas de la última estación de ferrocarril en la que se subió Rodolfo Guzmán. El espacio es pequeño similar al de una galería modesta.




Una de las imágenes del Santo en la tienda en Ciudad de México.ampliar foto
Una de las imágenes del Santo en la tienda en Ciudad de México. CARLOS JUICA


“El museo empezó a tener problemas de acervo, hubo personas que reclamaron sus objetos”, menciona José Francisco Palacios, jefe de museos de la entidad. La colección no fue del agrado del Hijo del Santo luego de que no llenaba las expectativas para dignificar la imagen de su padre. Desde años ha buscado un lugar para instalar un gran museo en la Ciudad de México, pero no ha encontrado eco. “Estuve en Madrid, lo comenté y me espanté porque alguien me dijo ‘lo ponemos aquí. Tráete todo y aquí lo situamos’. Es una gran oportunidad, pero no me lo perdonarían los mexicanos”, admite el Hijo del Santo.
La huella de El Santo se puede encontrar en Tulancingo, en Tepito, el barrio bravo de la capital, en cada rincón de su país, en Europa incluso en Japón. En todo sitio donde haya un cuadrilátero siempre habrá reminiscencias de este luchador de plata.
Cortesía: https://elpais.com/cultura y